miércoles, 8 de octubre de 2014

Etiquetas y sentido de pertenencia al grupo

"El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. "
(Cien años de soledad, Gabriel García Márquez).
Esta cita inicial, que me encanta, explica muy bien la necesidad que tiene el ser humano de ponerle nombre a todo,  si bien me gustaría puntualizar que las cosas a las que me voy a referir en este post, no se pueden señalar con el dedo. Hoy quería escribir sobre un tema diferente que siempre ha estado ahí, omnipresente casi en todos los mundillos en los que me he movido y que considero más o menos serio. 

Durante mucho tiempo, especialmente en mi época adolescente y universitaria, nunca me tomé muchas molestias en explicarle a la gente de mi alrededor a qué me dedico exactamente. Sabía que no se iba a entender y con decir "hago música", era suficiente para satisfacer las preguntas más superficiales. Por poner algunos ejemplos, no tenía mucho sentido intentar explicar qué era un tracker, qué es la demoscene o por qué necesitaba siquiera otro teclado ("¿no tienes uno ya? ¡no vas a caber en tu cuarto!"). Simplemente no se iba a entender y me daba pereza ponerme a hacer encaje de bolillos para acomodar mis propios esquemas a los que pueda tener una persona que viene de un mundo completamente diferente. 

Los días que me sentía un poco valiente, si intentaba dar una explicación detallada, lo más seguro es que me miraran con cara rara y/o me preguntaran por qué no hacía algo de persona normal. A veces también aparecía el escueto y políticamente correcto "¡qué guay!". Casi seguro que si estás leyendo esto hayas pasado por algo parecido, no me creo nadie especial y tengo bastante asumida mi parte de bicho raro.

La salida ideal para todo esto era el IRC entonces, las redes sociales y el IRC ahora. Eso sí, en la actualidad también tengo la suerte de poder hablar con gente con la que me puedo entender en cuanto algunos de estos aspectos en mi vida diaria. Esto es algo que agradezco muchísimo, porque de alguna forma te hace sentir que estás en el sitio que debes estar.

Al punto al que quiero llegar es que, independientemente de que hubiera un grupo que me respaldara socialmente alrededor o no, he hecho lo que me gusta hacer por motivación propia. Me encanta hacer lo que hago y eso es el motor de todo lo demás. Como consecuencia de las cosas que me gusta hacer, he ido conociendo a gente fantástica y he compartido con ellas experiencias, conocimiento, inquietudes, alegrías y putadas de todo tipo. La gente a menudo, acaba llamando a estos grupos  de intereses más o menos creativos con el nombre de "escenas". Ojo, no quiero decir que yo haya montado ninguna escena, he llegado a todas en las que he participado cuando ya estaban más o menos formadas.

Todas las escenas tienen su nacimiento, su boom, su auge y su caída hasta la extinción o semidesintegración. En las escenas hay buen rollo con algunas partes, mal rollo con otras, hay flames, piques y críticas, así como un deseo de tirar del carro para que la masa conozca la grandeza de la escena y un sentimiento compartido de que, los que forman parte de ella son, al mismo tiempo, diferentes de la masa. ¡Somos especiales! ¡Estamos en la escena! Ya tenemos etiqueta para nuestro grupo de colegas y esto nos da más peso.

Eventualmente, hay personas que se acercan al grupo por diferentes motivos. Desde luego el interés genuino por la actividad del grupo puede estar presente o no. No digo esto como algo necesariamente peyorativo, pero hay personas que necesitan formar parte de algo, necesitan diferenciarse del resto perteneciendo a un grupo más o menos diferenciado, con su propia actividad, jerga y normas. Este tipo de personas siempre me han inspirado sentimientos negativos, porque veo una carencia insatisfecha y un querer forzar las cosas que no creo que sea saludable. Intuyo un perfil socialmente enfermizo detrás, con un componente de dependencia gigante.

Hoy en día, la escena que conozco más enferma es sin duda la de los llamados desarrolladores independientes de juegos. Yo me considero cercano al grupo, pero desde luego estoy fuera porque no me dedico a hacer y publicar mis propios juegos. Creo que hay un número increíble de gente que se sube al carro exclusivamente por dejarse llevar por los estereotipos de "trabajo guay", "independiente", "moderno", "tecnológico", "creativo", etc. Los medios especializados creo que dan mucho bombo a personajes más o menos polémicos que promueven estos estereotipos, como intentando crear un pequeño universo Marvel o de prensa rosa. Se busca el cotilleo y dar relevancia a los nombres, en vez de a lo que debería tener toda la importancia: hacer y publicar juegos.

Es fácil observar muchos detalles en las redes sociales y en algunos eventos, mediante los cuales es fácil filtrar cual es la motivación e implicación de cada uno de los autodenominados indies. Creo que muchos desarrolladores independientes se harían un gran bien si se hicieran llamar "empresa de desarrollo de videojuegos" a secas y pensaran más en términos de industria y menos en escena. Por supuesto no estoy diciendo que sea el caso de todos, pero es algo que está ahí... 

Mi mensaje resumen: que cada uno haga lo que quiera, pero que por su salud, ame lo que haga y se olvide de lo engañosas que pueden ser las etiquetas que los medios te venden como punteras. El trabajo es el trabajo y la moda es la moda. A no ser que seas David Delfín.